Una valoración completa del TDAH debe estudiar los síntomas, su evolución y la repercusión que tienen en la vida del niño. También debe explorar otras dificultades que puedan coexistir con el TDAH o producir manifestaciones parecidas.
El diagnóstico se basa en la historia clínica, la información de distintos entornos y el juicio de un profesional con experiencia. Los cuestionarios y las pruebas complementarias pueden ayudar, pero ninguna herramienta permite confirmar o descartar el TDAH por sí sola.[1,2]
“Le hicieron un test y nos dijeron que tenía TDAH”
Algunas familias llegan a consulta con un diagnóstico basado casi exclusivamente en un cuestionario o en una prueba informatizada de atención.
Otras han pasado por una evaluación extensa, pero continúan sin comprender por qué su hijo lee con tanta dificultad, tarda varias horas en hacer los deberes o se levanta cansado cada mañana.
El número de pruebas realizadas no determina la calidad de una valoración. Una buena evaluación debe permitir responder, al menos, a estas preguntas:
- ¿Las dificultades cumplen criterios de TDAH?
- ¿Desde cuándo están presentes?
- ¿Aparecen en diferentes entornos?
- ¿Cómo afectan al aprendizaje y a la vida diaria?
- ¿Existe otra explicación posible?
- ¿Hay otras dificultades asociadas?
- ¿Qué apoyos necesita el niño?
El TDAH es un diagnóstico clínico
Actualmente no existe un marcador biológico que permita diagnosticar TDAH. Tampoco hay una prueba neuropsicológica, una resonancia cerebral o un electroencefalograma con sensibilidad y especificidad suficientes para establecer el diagnóstico individual.[2,3]
Una revisión sistemática publicada en 2024 analizó 231 estudios sobre escalas, entrevistas, pruebas neuropsicológicas, neuroimagen, electroencefalografía y otros instrumentos. Los resultados variaban considerablemente entre herramientas y poblaciones. Los autores concluyeron que el diagnóstico requiere juicio clínico, escalas estandarizadas e información de varias personas y contextos.[2]
1. El motivo de consulta
La valoración comienza aclarando qué preocupa a la familia y qué dificultades ha detectado el colegio.
“Se distrae mucho” puede significar situaciones muy diferentes:
- Pierde el hilo de las explicaciones.
- Comprende oralmente, pero no lo que lee.
- Sabe hacer los ejercicios, aunque no los termina a tiempo.
- Olvida materiales y fechas.
- Evita las tareas que le resultan demasiado difíciles.
- Comienza muchas actividades y termina pocas.
- Se bloquea cuando tiene que organizarse.
- Parece ausente porque está cansado o preocupado.
Conviene concretar cuándo ocurre, con qué frecuencia, en qué situaciones y qué consecuencias tiene.
2. La historia del desarrollo
La historia clínica revisa el desarrollo del niño desde los primeros años.
Se pregunta por aspectos como:
- Embarazo, parto y periodo neonatal.
- Desarrollo motor.
- Adquisición del lenguaje.
- Juego y relaciones sociales.
- Adaptación a la escuela infantil.
- Aprendizaje de la lectura y la escritura.
- Autonomía y organización.
- Regulación emocional y conducta.
- Evolución de las dificultades.
Esta información permite establecer si los síntomas comenzaron durante el desarrollo y detectar señales de otros trastornos que puedan requerir una valoración específica.
También es importante conocer los antecedentes familiares de TDAH, dificultades de aprendizaje, trastornos del lenguaje, problemas emocionales y otras condiciones del neurodesarrollo.
3. Los síntomas de atención, hiperactividad e impulsividad
La entrevista explora de forma sistemática los síntomas nucleares del TDAH.
No basta con marcar si una conducta aparece o no. Se necesitan ejemplos concretos y adecuados a la edad.
Por ejemplo:
- ¿Qué ocurre cuando recibe varias instrucciones?
- ¿Cuánta supervisión necesita para vestirse?
- ¿Termina las tareas de clase?
- ¿Pierde objetos con frecuencia?
- ¿Interrumpe incluso cuando intenta contenerse?
- ¿Puede esperar su turno?
- ¿Las dificultades también aparecen en actividades que le interesan menos?
- ¿Qué diferencia existe respecto a otros niños de su edad?
Los síntomas deben ser persistentes, excesivos para el nivel de desarrollo y estar presentes en más de un contexto relevante.[3,4]
4. La repercusión en la vida cotidiana
El diagnóstico requiere una interferencia significativa en el funcionamiento.
La valoración debe estudiar la repercusión en:
- El aprendizaje.
- La autonomía.
- La convivencia familiar.
- Las relaciones con compañeros.
- La participación en actividades.
- La autoestima.
- El bienestar emocional.
Un niño puede obtener buenas notas y presentar una repercusión importante. Puede necesitarlas horas de supervisión, acostarse tarde para terminar sus tareas o vivir con la sensación constante de que no se esfuerza lo suficiente.
También puede ocurrir lo contrario: un rendimiento escolar bajo no implica automáticamente TDAH. Es necesario averiguar qué está dificultando el aprendizaje.
5. La información del colegio
El colegio ofrece información sobre un entorno con demandas de atención, organización, inhibición y trabajo autónomo.
Conviene conocer:
- Cómo sigue las explicaciones.
- Si comienza y termina las tareas.
- Cuánto apoyo necesita.
- Cómo organiza el material.
- Qué ocurre durante los exámenes.
- Cómo lee, escribe y resuelve los problemas.
- Cómo se relaciona con sus compañeros.
- En qué momentos aparecen más dificultades.
- Qué estrategias ya han funcionado.
Los informes escolares, los trabajos y los exámenes pueden aportar datos muy útiles.
La información familiar y escolar no siempre coincide. Estas diferencias deben analizarse, porque el comportamiento puede variar según la estructura, las demandas, la motivación, el número de estímulos o el apoyo disponible. Una discrepancia entre padres y profesores no invalida automáticamente ninguna de las dos observaciones.[2,5]
6. La participación del niño o adolescente
El niño debe tener un espacio adaptado a su edad para explicar qué le cuesta, qué le preocupa y cómo vive las dificultades.
Puede aportar información sobre:
- El esfuerzo que necesita para concentrarse.
- La sensación de perderse durante las explicaciones.
- Las dificultades para empezar.
- La frustración ante determinadas tareas.
- Las relaciones con sus compañeros.
- Su estado de ánimo.
- El sueño.
- La imagen que tiene de sí mismo.
En los adolescentes, esta participación resulta especialmente importante. También conviene recordar que pueden minimizar o no reconocer algunas dificultades, por lo que su relato debe integrarse con las demás fuentes.
7. La historia médica y la exploración clínica
La valoración revisa los antecedentes médicos y los posibles síntomas físicos relacionados con la atención o el funcionamiento cotidiano.
Según cada caso, se pregunta por:
- Visión y audición.
- Sueño y ronquidos.
- Epilepsia u otros problemas neurológicos.
- Tics.
- Cefaleas o dolor recurrente.
- Medicación habitual.
- Consumo de sustancias en adolescentes.
- Enfermedades crónicas.
- Alimentación, crecimiento y actividad física.
La exploración física y neurológica se adapta al motivo de consulta y a los antecedentes.
Antes de iniciar determinados tratamientos también puede ser necesario registrar peso, talla, presión arterial y frecuencia cardiaca, además de revisar los antecedentes cardiovasculares personales y familiares.[4]
8. El sueño
Los problemas de sueño pueden producir o agravar dificultades de atención, irritabilidad, impulsividad y bajo rendimiento.
Conviene preguntar:
- A qué hora se acuesta y se levanta.
- Cuánto tarda en dormirse.
- Si se despierta durante la noche.
- Si ronca o hace pausas respiratorias.
- Si se mueve mucho mientras duerme.
- Si tiene despertares inquietos.
- Si le cuesta levantarse.
- Si presenta somnolencia durante el día.
Detectar un problema de sueño no excluye necesariamente el TDAH. Ambas dificultades pueden coexistir y necesitar intervenciones diferentes.[4]
9. El aprendizaje y el lenguaje
Las guías recomiendan explorar los trastornos del aprendizaje y del lenguaje durante la evaluación del TDAH.[4]
Puede ser necesario ampliar el estudio cuando el niño:
- Lee con lentitud o comete muchos errores.
- Tiene dificultades persistentes de ortografía.
- Comprende mejor cuando escucha que cuando lee.
- Evita escribir.
- Presenta problemas llamativos en matemáticas.
- Tiene dificultades para expresarse o comprender instrucciones.
- Muestra un rendimiento muy desigual.
- Sigue teniendo problemas escolares cuando la atención mejora.
La dislexia y otros trastornos del aprendizaje pueden coexistir con el TDAH. También pueden generar conductas de evitación, distracción o rechazo ante actividades académicas.
Identificar estas dificultades modifica los apoyos necesarios. El tratamiento de los síntomas del TDAH no sustituye una intervención específica sobre la lectura, la escritura o las matemáticas.
10. La capacidad intelectual
La evaluación de la capacidad intelectual no es obligatoria para diagnosticar TDAH en todos los niños, pero en muchos casos resulta de utilidad.
Es útil cuando:
- Existen dudas sobre el desarrollo cognitivo.
- Las dificultades de aprendizaje son amplias.
- El rendimiento es muy irregular.
- Se sospecha discapacidad intelectual.
- Hay indicios de altas capacidades.
- Existe una diferencia llamativa entre la comprensión y la ejecución.
- Es necesario diseñar apoyos educativos más ajustados.
Las pruebas cognitivas ayudan a conocer sus fortalezas y sus debilidades. Los resultados deben interpretarse junto con la historia, el aprendizaje y el funcionamiento en el día a día.
Un perfil cognitivo concreto tampoco confirma el TDAH. Los niños con TDAH pueden mostrar perfiles muy diferentes.[3,6]
11. El estado emocional y la conducta
La ansiedad, la depresión, las experiencias adversas y otras dificultades emocionales pueden afectar a la concentración y a la motivación.
La valoración debe explorar:
- Preocupaciones excesivas.
- Miedos.
- Irritabilidad.
- Tristeza.
- Baja autoestima.
- Conflictos frecuentes.
- Conductas desafiantes.
- Aislamiento.
- Acoso escolar.
- Rechazo del colegio.
- Conductas de riesgo en adolescentes.
El TDAH puede coexistir con problemas emocionales o conductuales. Determinar qué dificultades están presentes ayuda a priorizar el tratamiento.
12. Otros trastornos del neurodesarrollo
También deben considerarse, según la historia:
- Trastorno del desarrollo del lenguaje.
- Trastorno del espectro del autismo.
- Trastorno del desarrollo de la coordinación.
- Discapacidad intelectual.
- Trastornos de tics.
- Trastornos específicos del aprendizaje.
La coexistencia de varias condiciones es posible. El diagnóstico de TDAH no debe cerrar la evaluación cuando continúan existiendo dificultades que no quedan explicadas.
13. Los cuestionarios y escalas
Las escalas de conducta permiten recoger información de manera estructurada y comparar la frecuencia de determinados síntomas con la esperada para la edad.
Pueden ser cumplimentadas por:
- La familia.
- El profesorado.
- El propio adolescente.
- Otros profesionales que conozcan al niño.
Son herramientas de apoyo. Un resultado elevado indica que conviene estudiar determinadas dificultades, pero no establece automáticamente un diagnóstico. Un resultado dentro de la normalidad tampoco lo descarta por sí solo.[2,4]
14. Los test informatizados de atención
Las pruebas de ejecución continua miden aspectos como la atención sostenida, las omisiones, las respuestas impulsivas y el tiempo de reacción.
Pueden aportar información complementaria en algunos casos. Su capacidad para diferenciar individualmente entre TDAH y otras condiciones es limitada.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 concluyó que estas pruebas, utilizadas de manera aislada, tienen una capacidad modesta o moderada para identificar el TDAH.[7]
El resultado puede verse influido por el sueño, la ansiedad, la comprensión de la tarea, la motivación, la edad o el contexto de la evaluación.
15. ¿Son necesarias una analítica, una resonancia o un electroencefalograma?
Estas pruebas pueden estar indicadas cuando la historia clínica o la exploración hacen sospechar otro problema. Por ejemplo, ante determinados episodios neurológicos, alteraciones del desarrollo, síntomas físicos o hallazgos en la exploración.
La necesidad de una analítica también depende de los antecedentes y síntomas. No existe un análisis de sangre que confirme el TDAH pero si puede ayudar a detectar otros problemas coexistentes.
¿Cómo termina una buena valoración?
La evaluación debe concluir con una explicación comprensible para la familia y, de acuerdo con su edad, para el niño.
El informe debería recoger:
- El motivo de consulta.
- Las fuentes de información utilizadas.
- Los antecedentes relevantes.
- Los síntomas observados.
- Su presencia en diferentes contextos.
- La repercusión funcional.
- Las dificultades asociadas.
- La formulación diagnóstica.
- Las fortalezas del niño.
- Las recomendaciones clínicas, familiares y escolares.
- Las cuestiones que necesitan seguimiento.
El diagnóstico debe servir para orientar decisiones. Una etiqueta sin explicación ni plan de apoyo aporta poca ayuda a la familia.
Señales de que puede ser necesario revisar una valoración previa
Puede ser conveniente ampliar o revisar el estudio cuando:
- El diagnóstico se basó únicamente en un cuestionario o test.
- No se solicitó información del colegio.
- No se estudió la repercusión funcional.
- Las dificultades de lectura o escritura siguen sin explicación.
- El niño continúa teniendo problemas importantes después de mejorar la atención.
- Existen síntomas llamativos de sueño, ansiedad, lenguaje o desarrollo.
- La familia no recibió una explicación clara.
- Las recomendaciones no guardan relación con las necesidades observadas.
Esto no significa que todo diagnóstico anterior sea incorrecto. Puede indicar que todavía queda una parte importante del funcionamiento del niño por comprender.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe durar una valoración?
No existe una duración única. Depende de la edad, la complejidad clínica, la información disponible y la necesidad de pruebas adicionales. La calidad se valora por los elementos estudiados y por la integración de la información.
¿Puede diagnosticarse TDAH sin pruebas neuropsicológicas?
Sí. El diagnóstico es clínico. Las pruebas neuropsicológicas se utilizan cuando pueden aclarar el perfil cognitivo, el aprendizaje u otras dificultades.
¿Es obligatorio realizar una prueba de inteligencia?
No en todos los niños. Está indicada cuando existen preguntas clínicas o educativas que esa evaluación puede ayudar a responder.
¿Puede un cuestionario escolar descartar el TDAH?
No por sí solo. El comportamiento varía entre contextos. Es necesario estudiar por qué existe una diferencia entre lo observado en casa y en el colegio.
¿Una prueba de atención normal descarta el TDAH?
No. Una prueba realizada en un entorno estructurado durante un periodo limitado no reproduce todas las demandas de la vida cotidiana.
¿La valoración debe estudiar la dislexia?
Debe explorar si existen señales de dificultad en lectura, escritura u otras áreas académicas. Cuando las hay, está indicado realizar una evaluación específica del aprendizaje.
Para seguir leyendo
- Mi hijo se distrae mucho: ¿es TDAH o puede haber otra explicación?
- TDAH y dislexia: diferencias y por qué pueden aparecer juntos.
- Sueño y atención infantil: qué relación existe.
- Qué información puede aportar el colegio durante la valoración.
Bibliografía
- Young S, Hollingdale J, Absoud M, et al. The ADHD Assessment Quality Assurance Standard for Children and Teenagers (CAAQAS). Neuropsychiatr Dis Treat. 2024.
- Peterson BS, Trampush J, Brown M, et al. Tools for the Diagnosis of ADHD in Children and Adolescents: A Systematic Review. Pediatrics. 2024;153(4):e2024065854.
- Cortese S, et al. Advances in the management of ADHD in children and adolescents. BMJ. 2026;393:e082507.
- Wolraich ML, Hagan JF, Allan C, et al. Clinical Practice Guideline for the Diagnosis, Evaluation, and Treatment of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder in Children and Adolescents. Pediatrics. 2019;144(4):e20192528.
- Garcia-Rosales A, et al. Measurement invariance of Attention Deficit/Hyperactivity Disorder symptom criteria as rated by parents and teachers in children and adolescents: a systematic review. PLoS One. 2024.
- Eng AG, Bansal PS, Goh PK, Nirjar U, Petersen MK, Martel MM. Evidence-Based Assessment for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder. Assessment. 2024;31(1):42-52.
- Arrondo G, et al. Clinical Utility of Continuous Performance Tests for the Identification of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: A Systematic Review and Meta-Analysis. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry. 2024;63(2):154-171.
Este artículo ofrece información general y no sustituye una valoración médica individual. Las pruebas y exploraciones necesarias deben decidirse según la historia y las necesidades de cada niño.




